miércoles, octubre 09, 2013

¡Vamos al sobre!

Un día en el “sobre ruedas” es como una noche en la  feria sólo que sin los juegos mecánicos  ni los fuegos artificiales.  Es introducirse en una nube de compradores cuya densidad mengua conforme declina el día. Es probar las amargas mieles del bajo poder adquisitivo.   Es fantasear un rato, es creer por un instante y nada más por un instante que estamos en alguno de los grandes centros comerciales de New York o de París mientras nos probamos un pantalón estadounidense de factura china, vietnamita o mexicana.  Un día en el “sobre ruedas” es un día en que se luce en las muñecas la libertad y la serenidad: las pulseras que el detector de metales de la fábrica confinó a los muros silentes del hogar. 
     El mercado ambulante, el provisional, el que apuesta por un nomadismo sedentario, el mejor conocido como “sobre ruedas” o como  “la mesilla”  o simplemente como  “el sobre”,  forma parte indisoluble del paisaje comercial de Tijuana.
   Llega a establecerse un día en particular de la semana en las calles más transitadas y por temporadas peligrosas de los barrios populares  y de algunos fraccionamientos clasemedieros.  Desde muy temprano invita a su feligresía a rendirle culto al Santo Niño Consumido patrono de las clases subterráneas, inferior en categoría y en número de creyentes al Santo Niño Consumismo patrono de la clase divino-celestial.  Llega pero con la intención de irse, llega para no quedarse, para no echar raíces en las aceras suburbanas porque por eso es “sobre ruedas”,  su destino es ir de acá para allá sobre los neumáticos gastados de las camionetas o trocas como usted guste llamarle, que una imaginación aún no dañada por las series de televisión estadounidenses podría comparar con los camellos cargados de  mercancías de las antiguas caravanas árabes. 
Su constante movilidad nos recuerda que las oportunidades nunca deben desaprovecharse,  y mucho menos las oportunidades comerciales, a las ofertas hay que tomarlas en el acto quién sabe si la próxima vez las veamos, quién sabe si la  próxima vez encontremos zapatos de marca tan baratos, quién sabe si la próxima vez hallemos esa computadora portátil con la última versión de Windows desechada por algún riquillo cansado de las obsoletas cosas nuevas. 
            Universitarios sin libros que los delaten como tales, estudiantes con pinta de futuros capos, amas de casa con sus hijos en brazos y en carreolas, madres solteras en busca del casamiento, obreros redimidos momentáneamente de la maquiladora, mecánicos graciosamente engrasados, albañiles de cemento y cal, maestros que pasean como los chiquillos a los que reprueban por saber más que ellos, adolescentes en busca de conquistas, mendigos que vienen a hacerle compañía a los perros callejeros, prostitutas y homosexuales, drogadictos y carteristas,  predicadores con Biblia y altavoz en mano, parejas de novios en buscan de un mejor objeto de su amor, componen entre otros grupos la amplía  y heterogénea clientela que recorre lenta o apresuradamente, según el estado del tiempo emocional, los pasillos del mercado móvil.
 Allí las puertas están abiertas para todos los que quieran entrar, aunque son mejor recibidos aquellos que gustan de hacer sus compras con dinero contante y sonante, las únicas tarjetas que se ven circular son las tarjetas telefónicas que expenden en el cubículo de una compañía de telefonía celular.   Las diferencias se pasan por alto, todos son bienvenidos en el paraíso de las compras al por mayor con poco capital.
            Mientras se camina o se intenta caminar entre la gente apiñada, los automóviles y los puestos, el olor de la comida típica  embriaga la nariz  hasta dejarla fuera de combate.  Uno no sabe que olor es el más seductor, el que va a ganar la batalla del antojo.  Por un lado está el aroma de la carne asada con sus frijoles negros, y por otro el de la birria, las carnitas, el chicharrón, el menudo y la infaltable pizza.  A veces la comida pone en jaque al sentido del olfato.    Qué diferentes serían las compras sin un lugarcito donde detenerse a descansar y para aprovechar el tiempo, satisfacer el hambre que queda después de haber satisfecho el apetito de artículos en oferta.
 Así pues, los puestos de comida instalados en el área que el resto de la semana le pertenece a los botes de basura  y  a los vehículos, ofrecen un servicio inestimable para los visitantes del sobre-ruedas.  Amigos y familias enteras se sientan en torno a mesas de plástico con vestigios aún frescos del festín anterior y se disponen a disfrutar de los exquisitos platillos de doña Chole o como sea que se llame esa diosa de la cocina de ocasión.  Un pequeño vistazo u oidazo a sus conversaciones nos permiten conocer más a plenitud el espíritu humano, y en particular el espíritu tijuanense.  No hay nada como una buena comida para desahogarse con un agradable sabor de boca.  ¿Y de qué se habla en los comedores provisionales del sobre-ruedas? Se habla del trabajo en la fábrica que se vuelve cada día más pesado, del jefe que no se toca el corazón a la hora de rebajar el sueldo por un retardo, de la enfermedad de la madre que no sólo se acaba a la madre sino también los ahorros de la familia, de la chica que por hermosa es inalcanzable, del chico que por mujeriego es el sueño de todas, del partido de soccer y de la vaquita perdida nuevamente, de la telenovela de moda, de la balacera en la que se murió el hermano del vecino, de lo “suave” que es la vida del otro lado de la frontera, del incremento de los impuestos y del bajo salario, de los viejos amores, del terruño que se tuvo que dejar porque “allá está jodido, uno se muere de hambre” y de tantas otras cosas más que la memoria se niega a retener por más vitaminas y suplementos alimenticios que uno ingiera.
            Pero al “sobre ruedas” no se va a comer,  ese no es el objetivo principal, se va a comprar, a comprar lo que el sueldo menos el ISPT, el ISR, la cuota del IMSS y del INFONAVIT, y el resto de impuestos que se nos imponen para mantener nuestro glorioso nivel de vida, permite comprar.   Al llamado del “pásele, pásele, pruébeselo sin compromiso” acuden las y los compradores a los puestos de ropa nueva o semi-nueva.  Los pantalones vaqueros de marca a cien pesos son irresistibles, el abrigo a cincuenta pesos no puede dejarse, las prendas a dos pesos son la locura, las minifaldas a un precio de risa quién diablos las dejaría.  Qué importa que los probadores improvisados se ubiquen en medio de mirones imprudentes, qué importa  que la camisa escogida tenga manchas sumamente raras pero que aún así combina con el pantalón caqui, que importan esos detalles si en la siguiente “party” los amigos se quedaran boquiabiertos.
Y mientras unos compran ropa otros van por herramientas, por gafas para sol, por útiles escolares, por bicicletas, por refacciones, por chucherías con que adornar los rinconcitos de la casa de interés social, y por una larga lista de  cosas que el lector preferirá conocer por sí mismo.  Al “sobre ruedas” se va a comprar y a olvidar, a pensar y a dejar de pensar, a pasear con el perro y con la perra soledad, a tener charlas informales que sólo ahí  pueden tener lugar, a convivir con otros seres humanos que padecen la misma suerte que uno, a pasar con la familia un humilde rato agradable que compense -no del todo, por supuesto- la imposibilidad de disfrutar de otras distracciones por falta de recursos.
            Para conocer la idiosincrasia de Tijuana basta con ir al “sobre ruedas”.  No trate de entender a la ciudad mediante  libros,  hágalo leyendo los rostros, los gestos, los ademanes, el vocabulario de su gente que se da cita en el mercado ambulante.  El alma de las ciudades está en sus ciudadanos. Tómese el tiempo para conocer a las mujeres y a los hombres que con una sonrisa extraída de su habitual estado vegetativo desfilan por los pasillos congestionados del “sobre”  y empápese un poquito tan sólo un poquito de su historia, quizá descubra que el “vamos al sobre” no es otra cosa que el preludio de una gran excursión por las entrañas humanas de esta nuestra ciudad de concreto blanco.

Encuentro


“Con diez cañones por banda,
Viento en popa, a toda vela,
No corta el mar, sino vuela,
Un velero bergantín”.
- José de Espronceda

                                                       Un homenaje indirecto a Lorca

Catalejo en mano
Desde proa dominando el panorama,
Afina la vista el capitán,
Creyó haber avistado
Llameantes hipocampos saliendo
De la morena matriz de la mar.
Sin embargo,
Nunca hubo nada semejante,
Todo fue obra de su imaginación
Alterada por el exceso de sal.
Después de mucho navegar
El océano se vuelve desierto
Para el navegante sediento de tierra
Y de espejismos marítimos fecundo.

El anclado buque rechina
Al suave golpeteo del oleaje
Mientras embarga al marino
Una tristeza de arena y coral.
Toma asiento cerca del mástil
Y anudando las pálidas manos,
Extiende sus torvas reflexiones
Más allá de la Osa Mayor.

Su taciturno corazón agonizante
En otro tiempo blanca ballena
Que defendía sus pulcras aguas
Contra la invasión de barcos mercenarios,
Expulsa gruesas escamas de sangre.
Hoy desprovisto de tripulación
Un fantasmal bajel capitanea.
¡Qué terrible tragedia vivida
Por el almirante circundado de espectros;
Ay, cuanto dolor el del hombre
Cuya red no puede pescar estrellas!

No existe mar, isla o puerto
A que su tesón no lo haya llevado:
Todo marinero de buena laya
Sabe que cuando el viento comba las velas
A la aventura está siendo llamado.
A pesar de ello
La felicidad, la satisfacción, la euforia,
Jamás en su alma han encallado;
Bien sabido es que la plenitud genuina
No es corriente perla de ostra humana cualquiera,
Nace en aquellas que superan
Su insulso destino de molusco,
Y el aún no lo supera.

¡Atención algo pasa, algo sucede!
Nuestro atormentado hombre de espuma
Pegó un brinco de su asiento.

Miró algo en babor
Que estupefacto lo ha dejado
¿Será otra alucinación nocturna,
Un juego desquiciado de su mente?
Observa atento, luego se vuelve,
Ve una vez más y de nuevo desvía la mirada,
La niebla obstruye su visión.
Duda, duda, duda, ¿será posible?:
“¡Oh viejo barco mío será posible?
¿Si las sirenas no existen… Verdad?
¿Tú y yo lo sabemos… Verdad?
¡Diantres!
¿Entonces esa figura
A que ser corresponde?
¡¡No, no es una sirena!!
¡Fijaos bien, se trata de una mujer!”.

En efecto,
Del lado izquierdo de la embarcación
Encima de la roída barandilla
Una esbelta doncella flota entre la niebla;
Dótala de enorme elegancia
Un ceñido vestido obscuro;
Adornándole ambas sienes están
Los labios rosados de un caracol;
Y como mascada en el cuello ostenta
Un brillante pañuelo de algas azules.

-¡Dios!- exclama el marino.
-He enloquecido. A tal condición
Condujéronme estos solitarios años
A la vela en busca del muelle
En el cual jamás atracaré.
Dicho lo anterior irrumpe
En una estentórea carcajada.
Carcajea, carcajea sin freno
Se convulsiona, tose, escupe,
Echa espumarajos por la boca,
Se rasga las ropas,
Se rasga las carnes,
Pierde el conocimiento.

La ingrávida mujer
Que hasta entonces veía
Todo sin inmutarse
Desciende paulatinamente.
Arrodillada
Cerca del maltrecho desfallecido
Alza sus brazos al horizonte
De donde hacia el cuerpo inerte bajan
Gaviotas, pelícanos y albatros.
Ella lo mira mira,
Ella lo está mirando.
Lo mira risueña,
Piadosa, amable, fraterna,
Curiosa, jovial.
Lo mira como quien ve desde las alturas
La longitud inmedible del abismo;
Como quien contempla una rosa
Derramar savia negra;
Como quien pasa revista a las ruinas
De un imperio desolado por la espada;
Como quien analiza la modalidad
Más horrenda en que se revela la muerte.
Ella lo mira mira,
Ella lo está mirando.

-¡Dios santo! Mi demencia
Con el discurrir del tiempo agrava-
Murmura el capitán que despertando
Advierte unos femeniles ojos posados en él
Y un mare magnun de aves alrededor.
Prorrumpe en llanto, en copioso llanto,
Semejando un mísero chicuelo amilanado
Ante sus temores escondidos bajo el lecho.
¡Oh qué pena, qué desgracia,
Cuando un hombre llora
Se encrespan las olas del mar!

A cierta señal de la enigmática criatura
Las avezuchas rodean al capitán
Y generando una corriente de aire
Lo sostienen, para su sorpresa, en vilo.

Hace cesado su lloro, ya no gime,
Ahora es aterrorizada presa
Del miedo y de la confusión.
“Qué ocurre. Sé de cierto
Que esto es una mera ilusión,
No obstante, percibo todo
Como si fuese realidad”
Piensa, en tanto mira
Sus pies suspendidos en el aire.

Incorporada
La extraña mujer enlutada
Con un dejo de ironía sonríe
Al reparar en la incertidumbre
Del hombrecillo de mar.
Mas su sonrisa no es de burla,
Sino de tierna amonestación
Dirigida al testarudo Aquel
Que la toma como vulgar delirio
De una locura inexistente.

Por la leve risilla
Sintiéndose agraviado
Nuestro terco personaje
En un arrebato de valor
Interpela:
-E…exijo me explique el por qué
De su afrentoso gesto festivo.
¿Acaso mi descabellado estado presente
Antójasele graciosa representación teatral?
Ande díg… dígnese responder ángel ignoto.
¿Debo consentir mofas encauzadas
a la humillación de mi persona?...
Nada contesta, como podría:
Fruto enajenante de vesania febril-.

¡Cielos! ¡Mirad!
De súbito ha caído
Con todo su peso sobre cubierta.
Debió romperse una costilla
Ya que se soba el lado izquierdo.
Con frenesí palpita su corazón,
Su presión sanguínea aumenta,
Transpira en abundancia;
No da crédito a lo sucedido.
Unas finas manos afiladas
Se ofrecen para levantarlo.
Las desaíra, las rechaza, impreca;
Pero de nada vale su negativa
Pues su estropeada voluntad
Termina cediendo.
“Manos tan delicadas
Nunca he estrechado”
Dice para sus adentros
Sorprendido de su impresión.

Frente a Frente
Ambos guardan
Un riguroso mutismo.
El primer contacto
Lleno de sensibilidad
Los ha petrificado.
Él empieza a creer en ella,
Ella ya no duda de sí misma;
Él admite una emoción nueva,
Ella es una emoción contenida;
Él recuerda que es un ser humano,
Ella logró al fin humanizarse;
Él comprende ya su porvenir,
Ella lo sabía desde un principio.
Ella y él cristalizan
Sentimientos de belleza inefable
En un idilio nebuloso.

En lo sucesivo
Nuestro almirante cascarrabias
Ya no surcará los mares
Acompañado solo de fantasmas,
Puesto que también se hace acompañar
De la bella dama de negro.
Irán
Hasta los confines de la tierra,
Burlarán a los piratas del tiempo,
Descubrirán tesoros enmohecidos,
Conquistarán las islas de la muerte.
Todo lo realizarán
Juntos, unidos,
Inseparables, indivisibles;
Porque lo una vez en lazado
En la sombría catedral de la noche
No está sujeto al carácter
Temporal de las cosas mortales.

Poema sencillo

GARRAPATEO INDOLENTE ESTE FAMÉLICO POEMA
PARA QUE LO SACIES DE MANJARES O CHATARRA,
DE OLVIDOS COMPLETOS O RECUERDOS MUTILADOS,
DE AUSENCIAS COMPACTAS O PRESENCIAS ABULTADAS,
DE SILENCIOS EN COMA O BULLAS CONVALECIENTES.

TE ENTREGO ESTE RESIGNADO POEMA EN BANCA ROTA
SIN AHORROS, AFORE, MEMBRESIA O CELULARES,
PARA QUE  RAPIDAMENTE LO  RECAPITALICES
CON TUS ACCIONES DE SONRIZAS DESINFECTADAS,
CON TUS CHEQUES DE ABRAZOS CON FONDO ILIMITADO.


TE ENTREGO ESTE FAMÉLICO POEMA
PARA QUE LO ADOPTES Y DEJE DE SER
EL HIJO DE NADIE.

Augurio


 Hoy no saldré de casa.  Presiento lo peor si me atrevo a hacerlo.  Esta mañana un búho estornudó enfrente de la ventana de mi habitación y dicen que el estornudo de un búho es de mal agüero.  ¡Carajo!  ¿Por qué siempre me ocurren estas cosas a mí?  ¿No hubiera sido mejor que esa ave demoníaca  hubiera ido a estornudar al cristal de la ventana de mi querido vecino que es un bueno para nada, aficionado que vive la intensidad del fútbol, consumidor inveterado de cerveza Tecate, pornografía barata y mota? ¡Estúpida ave malparida! ¿Por qué no fuiste de aguafiestas a la casa de algún  otro santo hijo de Dios, por qué no le fuiste a arruinar el día a alguna de esas almas desdichadas que viven esperando a un búho en su ventana?

     Y hoy que tenía la agenda llena.  No tengo alternativa, tendré que recandelarizar mis compromisos,  ya habrá un día libre de aves mal agoreras.  No, no es una locura. Qué me garantiza que no vaya a ocurrirme una desgracia tan solo poner un pie en la calle.  Aún  no sale al mercado un dispositivo anticalamidades portátil.  Sí, tengo miedo, irrazonable si se quiere, pero quién en este oscuro, dolorido y supersticioso mundo no lo tiene.  No importa la causa del miedo, la angustia es la misma.  Ya a otros por no hacer caso de las señales les ha ido como en feria,  los han atropellado, asaltado, estafado, violado y contratado como audiencia para programas de televisión.  Sería una fatal imprudencia de mi parte ignorar los mensajes de advertencia, y yo soy un hombre acostumbrado a actuar con sensatez.  No, este día será de encierro forzoso, afortunadamente Internet evitará que sienta claustrofobia.

viernes, octubre 15, 2010

Soneto No. 1


Deleite el canto espontáneo del ave
a  quien no tiene el corazón doliente;
procure mantener la faz sonriente
quien del éxito conozca la clave.

Que en verano caiga la lluvia suave
en la nuca del que dolor no siente;
que no se evapore la luz viviente
del que en aguas de amor sus ojos lave.

Para mí sólo sosiego demando
que no ya en la felicidad pastar
ni entre alamedas de nubes pasear.

Pasar con mi lira los días cantando,
con mis rosales las noches gastar
y no ver a la muerte merodear.

viernes, octubre 08, 2010

Nocturno


 
¿En la noche?...  ¿Qué busco en la noche?  Una llama suspendida en el  pebetero  de un lago; una guitarra parlanchina incrustada en el mentón de un roble; una mariposa de humo polinizando tinieblas; una jauría de perros desmembrando una nube doliente; una celda de brazas donde confinar flores embusteras.  ¿Qué busco en la noche?...  ¡Todo!
            Busco el ideal perdido en mi última derrota, el enfrentamiento definitivo que me catapulte a la victoria, la hazaña que me deje imposibilitado para el fracaso, el entusiasmo que sostenga mi perseverancia, el júbilo que atenúe mi pesimismo, el arrojo necesario para sobrevivirme, la lozanía que rejuvenezca mis principios, la intrepidez que derrumbe mis temores.  ¿Qué busco en la noche?...  ¡Todo!
            Busco oxígeno para asfixiar mis espejismos, silencio para despertar mis clamores, calma para desatar mi tormenta, suavidad para herir mi aspereza, armonía para aplacar mi descontento, lumbre para congelar mi desconcierto, sencillez para entender la causa primera de mi caos, simpleza para destensar mi severidad, aspiraciones para amueblar mi soledad, sosiego para anestesiar mi hastío.  ¿Qué busco en la noche?...  ¡Todo!
            Busco el adjetivo puritano para el sustantivo obsceno de mi verso, la entusiasta conversación con los amigos, la sonrisa que me desarmó a los 20, la canción evocadora de la infancia, el gentío de las ciudades, el avance del retroceso, la esencia de la injusticia, la mirada de Dios, la sensualidad de una voz femenina, el llanto de los pobres, la rima consonante de una pintura al óleo, la eternidad de lo transitorio, las leyes que me desfienden, el asalto a la imaginación, el fruto prohibido de la inspiración, la sonata del amor, el soneto de la desesperación, la marcha de la muerte, la cópula de las sombras.   ¿Qué busco en la noche?... Mi oscuridad.

miércoles, septiembre 29, 2010

Tristeza

De la alegría nace la tristeza.
-Edgar Allan Poe
(1809-1849)



Es cierto
la tristeza
no es Disneylandia
ni la Muralla China
como para que atraiga
a millones de turistas al año.
Ningún empresario serio
establecería un centro recreativo
que ostentase el atractivo nombre
“Parque la Tristeza”.

Sin embargo,
es tan divertidamente fúnebre,
tan enfermizamente saludable,
que quienes están hasta la coronilla
de las frágiles alegrías fabricadas
en la maquiladora de la Frivolidad,
una vez que la visitan,
una vez que tientan el terreno,
se quedan en ella para no salir
jamás.

Sus calles huelen a fango
recién hecho por las lágrimas
de los descorazonados  y perdidos,
no a esas lamentables fragancias
de Sears, Samborns y Liverpool.
Sus Jardines son cementerios
donde echan flor las utopías,
lo sueños, las fantasías, los delirios,
que envenenan el aire
asfixiantemente  limpio de la realidad.

La luz es una invención del Sol
administrada por el Estado;
por consiguiente, no tiene cabida
en el sombrío reino de la tristeza.

Todo es oscuridad, negrura sempiterna,
tinieblas de luna, nubes azabache.
Todo es Noche que asesina
los fútiles intentos de resplandor,
y que monta para los muertos
el festivo espectáculo del dolor.

Sí, la tristeza
no es Disneylandia
pero es lúgubremente divertida;
sí, no es la  Muralla China,
pero es el mayor patrimonio de la humanidad.

domingo, septiembre 26, 2010

Mariposa

A la memoria de Edgar Allan Poe
(Publicado el 9 de febrero de 2007)


Sus ágiles alas alborotan
la fresca brisa embadurnada
de gualda jalea veraniega.
Surca el espacio dejando
una estela de polen y estambre.

Graciosa atraviesa la enramada,
graciosa alza al cielo su flor.

Se desvanece en el firmamento
entre sus delgadas patas llevando
una enigmática carga oscilatoria.

Allá, junto a un árbol marchito
y un esquilmado rosal agonizante
yace yerto el cuerpo de un hombre
envenenado al besar los labios de la luna.

Nada dicen las moscas
de la repugnante materia derretida,
nada dicen los gusanos
de la lóbrega mariposa
que con los ojos del muerto huyó.

VENABLOS

(Redactado el 27 de marzo de 2007)

Como de costumbre se reproduce
el sádico espectáculo nuevamente:
yace en la calleja pedregosa
por displicentes transeúntes atropellada
la doncella del níveo cintilar.
Su ropa hecha jirones
y sus miembros magullados
acusan la maldad de los viandantes.


Fuera de su alcázar de hojas
sobre la tierra derribada
si es majada poco importa
la flamante florecilla gentil
que con fruición se contemplaba
en la edad del rosa y el carmín.
A nadie parece consternar
la humillación de que es objeto,
al contrario, en lugar de asistirla
con puntapiés acentúan la infamia.
Es que molesta, impide
el libre tránsito, obstruye
la descomunal carrera, paraliza
el desenfreno inveterado.
Con todo, rotundos se niegan
a despejarla del camino,
pues si bien cierto daño puede
provocar a lo sacro la inmundicia
jamás podrá asestarle
el codiciado golpe de muerte.

¿Cuál fue su ofensa imperdonable
como para acarrearse tanta ojeriza?
Con su labia persuadirla intentaron
los que con tono grave y doctoral
sostienen que un íntegro rediseño moral
corresponde al cambio de las edades
en mira teniendo el uso pleno de la libertad.

Mas ella la probidad anteponiendo
a las licencias de la corrupción
de todos prefirió ser vilipendiada
a sus nocivas aberraciones secundar.
Que con cada nueva generación de hombres
cierto es que el espíritu se transforma,
empero, la variación se da en términos
de una simple fluctuación cualitativa.
Bien lo sabe la doncella, la doncella del níveo cintilar.
Sabe que un día nos preciamos baluartes
de lo que después con encono atacamos;
que un día la legitimidad de las cosas exigimos
y al otro desenfadados las mancillamos;
que un día condecoramos la sapiencia progresista
ocultando así nuestra bestialidad subyacente.
Dicho conocimiento era imposible
que en ella quedase encerrado,
fue entonces cuando sin tapujos
alzando la voz pregonó:
“¿Qué es la moral? Yo os lo diré.
La moral es un cofre sellado y vacío
enterrado en el árido seno del hombre.
Son el bien y el mal dos artilugios
construidos con la chatarra acumulada
en el repugnante vertedero humano.
¡Hombres de guardarropía
pongo en evidencia vuestra mediocridad!”
Ni bien había terminado la frase
cuando la encolerizada audiencia
contra ella violentamente se amotinó
en la calleja dejándola maltrecha.



Así es como hecha un harapo terminó,
siendo la burla de los irónicos paseantes
y hasta de quienes en otro tiempo
aseguraban compartir sus convicciones.
Plañe, se lamenta, no por los golpes recibidos,
sino por la deplorable estupidez de sus hermanos.
No obstante, no por siempre seguirá
el ignominioso estado de la doncella,
pues no indica derrota consumada
el breve vahído de los entes gigantes,
sino intervalo preparatorio
para el renacimiento triunfal.

jueves, septiembre 23, 2010

Abyección



Pronunciado el discurso
en honor a la estupidez
se procede a afianzar
los preceptos del antojo
y del juicio trastocado.

Vitorea el sinvergüenza
la inapelable abolición
de la cordura y de la norma,
pues ya no estará obligado
a asumir la conciencia del ser.

La responsabilidad
ante uno mismo y ante el conjunto
 no es un valor prioritario;
vale la negligencia lo mismo
que en otro tiempo el deber.

Hoy no es considerado oportuno, moderno,
enrregimentar  el obrar desaforado
 –aunque con rigor analizada la cuestión
tampoco lo fue en épocas pasadas–
a razón de que la libertad codiciada,
esa por la cual se arriesga
el alma, la vida, el aliento de los otros;
esa por la cual abogan
en sus aulas maestros ignaros,
no es aquella cuya raigambre se hunde
en el núcleo de la existencia del hombre,
sino aquella que desconoce e invalida
 la relevancia de sus necesidades innatas.
¿En qué momento cobró
tanta fuerza la mentira?
La tolerancia es contraproducente
 cuando de su condescendencia se abusa.
El juicio